sábado, 6 de febrero de 2010

Cristal


Plaza de San José. Pamplona.

2 comentarios:

Eva Mª dijo...

:-)

E.G. dijo...

Tengo un recuerdo contradictorio de las monjas. Respecto a la hermana Izaskun cada día rezo porque se haya hecho justicia y esté ardiendo en el infierno. Había otra que era ciega y yo iba a la capilla para hablar con ella en los recreos. Y el día de mi cumpleaños me regaló una bolsa de caramelos. Y cuando llegué a clase y de puro contento se lo dije a la hermana Nieves, me los quitó. Y eso es un contrapunto y lo demás tonterías. Y yo, a mis seis años, no pensaba sino en el disgusto que se iba a llevar mi amiga al saber que su propósito había terminado de aquella forma tan violento. ¿Pero qué diablos le secó el cerebro a la hermana Nieves aquella mañana? Y hubo otra monja que no me dejó en la memoria ni su nombre ni su rostro, sólo una idea. Nos decía, cuando os enfadéis, cuando estéis tristes, a punto de estallar, meteros en vuestro cuarto o en algún lugar tranquilo donde nadie os moleste, y coger un libro. Y leer. Leer. Al rato, todo será diferente. Sólo por aquel consejo quedan redimidos muchos pecados cometidos desde los hábitos.

 
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